¡Cuánto nos queda por hacer! Pero todo comienza por un primer paso…
Página de reflexión personal sobre comportamientos humanos, solidaridad humana, creencias, psicología social, ciencia, cultura, arte, poesía y literatura, bajo la premisa de las buenas formas, la tolerancia y el respeto a los demás. Las opiniones son de exclusiva responsabilidad del autor y todos los comentarios a favor o en contra son bienvenidos siempre que se respeten estos principios fundamentales.
¡Cuánto nos queda por hacer! Pero todo comienza por un primer paso…
Reducimos el amor a lo “grande”, cuando en lo más pequeño podemos definir la magnitud inabarcable del amor infinito, que es el que se manifiesta sin condiciones, que se da a sí mismo plenamente, inmanente y atemporal.
Hoy en día no es políticamente correcto escribir sobre el amor. ¡Que ingenuidad! ¡Que demodé! Yo no soy Flaubert ni escribo sobre Emma Rouault, consumida en sí misma por un amor que solo era deseo sexual puro y ansias de libertad, histéricamente reprimidos ante un Charles Bovary que es un remedo de hombre anodino y temeroso que no sabe que hacer ante una mujer que pugna no con ella misma, ni siquiera con su marido, sino contra una sociedad oscura, endogámica y asfixiante que, salva la diferencia, es muy similar a la actual, aunque sin Internet, ni “Facebook”, ni MSN, pero con la misma soledad que impregna el alma angustiada del torturado espíritu humano.
¿Por qué mirar hacia arriba cuando quizá un poco más abajo podemos hallar lo inefable, la saciedad sin apegos, la expresión sublime del que encuentra todo cuando se abandona a si mismo sin buscar compulsivamente nada, pues el deseo es sufrimiento y la liberación es vivencia plena, sin nominaciones ni luchas.
Por eso, cuando veas a los ojos de tu amada o amado o te asomes a los ojos de ti mismo, a esos ojos que te escrutan a través de su mirada y que analizan el mundo bajo el miedo ancestral del ser dubitativo que todos somos, déjate llevar y disfruta del momento.
Porque… ¿Miedo? ¿A qué? ¿Odio…Por qué? ¿Amar? ¡Siempre…aunque me equivoque! En la singladura marina de las turbulentas emociones un solo segundo es una eternidad si se vive sin “quizás”, “mañanas” o “más tarde” cuando la realidad es que solo tenemos “hoy”.
En occidente tenemos y gastamos demasiado. Esto nadie puede ponerlo en duda.. La felicidad verdadera proviene al vivir con menos y necesitar lo justo y necesario, es decir, en la frugalidad. La verdadera frugalidad consiste en no desperdiciar nada. En un mundo de codicia, en el que se tiran tantas cosas a la basura cuando aún pueden tener utilidad, la frugalidad nos enseña un camino ecológico y espiritual. A los niños debemos inculcarles la frugalidad, que es una virtud que debe aprenderse en la infancia con el ejemplo familiar como referente y como modelo. No se trata de ser tacaños, se trata de necesitar lo justo y saber hacer uso de las cosas. Necesitamos demasiadas cosas y esto nos hace más pobres. La frugalidad es compatible plenamente con la elegancia, los buenos gustos, la buena educación, la generosidad, el ahorro, el dominio de la responsabilidad, el dominio de la voluntad, etc. La frugalidad es la antítesis de la gula, el desenfreno, la falta de moderación, el despilfarro, los antojos, los caprichos, la vanidad, la codicia, la ostentación, etc. La austeridad de vida es una exigencia ética. Digamos que hay un consumo de bienes materiales útiles e indispensables ya que se trata de medios necesarios para el bienestar material y espiritual de la persona humana, pero otra cosa es el despilfarro absurdo y antinatural de esta sociedad en la que vivimos. Y esta virtud debemos comenzar a trabajarla desde ahora mismo, más que nunca. En este mundo en crisis podemos (debemos) aprender urgentemente a valorar las cosas y a reutilizarlas.
En un tiempo de consumo compulsivo, cuando se considera una virtud descartar cosas cuando todavía son útiles, la frugalidad es un asunto muy importante.
Ejercicio de frugalidad:
· Haga una lista de todo aquello de lo que puede prescindir.
· Haga otra lista de todo lo que realmente es necesario en su vida.
· Reflexione sobre lo que tiene y de cómo lo disfruta.
· Pregúntese: ¿Qué me hace realmente feliz? ¿Qué necesito?
· Cada mes intente eliminar de su vida algo que le suponga un gasto del cual no disfruta realmente. Y disfrutar debe entenderse como gozo verdadero y no temporal.
· Cada cambio de estación intente simplificar su vida, hacerla más sencilla y agradecer al Señor (o a la vida según sus creencias) por los dones que le ha concedido y de los que puede disfrutar… y compartir.
Son tres. Tan míos y tan distintos, pero tan puros y llenos de amor que enternecen mi alma tan solo con escuchar sus nombres. Son mis hijos: Francisco Javier, Luis David y Noemi. Aún los recuerdo con sus juegos, corriendo, gritando, riendo, con ese “ruido” mágico e irrepetible que da forma a un hogar. Cuando llegaba a casa después de mi jornada laboral me esperaban ansiosos, en sus camas, para que les tocara la guitarra tarareando alguna canción o para escuchar la historia de “Mickol, Jimmy y Correl”, los tres fantásticos amigos que los acompañó cada noche al mundo de los sueños hasta que se hicieron adolescentes. Curiosamente los mismos personajes del cuento inventado que contaba a mis amigos de niño, con mil historias y aventuras que escuchaban con atención y deleite en la "cabaña" de nuestro patio, cuando el invierno era invierno y el verano, verano. Mis amigos también eran tres: Manolo, Guillermo (Willy) y Jose; casualidades del destino.
No puedo describir lo que siento. Cuando ahora ya adultos nos reunimos a comer no puedo remediar verlos aún niños, con sus miradas infantiles y me entran ganas de volver a contarles la historia inconclusa de los tres amigos imaginarios. Ya tienen sus vidas independientes. Javi (27) es graduado en ciencias cinematográficas y trabaja en una productora, en lo que siempre ha deseado. Luis (26) es músico, lo que siempre ha querido ser también, y vive en Madrid. Y Noemi (22) es graduada en ciencias policiales y criminóloga, también lo que siempre ha soñado. ¿Qué más puedo pedir?
Se acerca La Navidad y los tres vendrán de nuevo a casa para celebrar juntos estas fiestas de tanta nostalgia y calor familiar. ¡Cuánto lo deseo! Ellos siguen disfrutando con la casa adornada, el belén en el salón y el árbol en el pasillo. Pero sobre todo disfrutan al compartir un sentimiento único que nos une: el amor y la admiración mutua. Ellos me han enseñado a ser mejor persona y a impregnar mi espíritu de amor, fuerza y valentía. ¡Gracias hijos míos! Y doy gracias a Dios por haberme regalado este tesoro hecho carne. Javi, Luís, Noemi: Gracias por ser como sois y perdonad los fallos que haya podido tener con vosotros, pero de una cosa estoy seguro: ¡Os amo con toda mi alma!
Y no me olvido de Amparo, mi amada esposa. De ella hablaré en la próxima entrada.
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