La verdad es así de cruda: vemos el problema y cerramos los ojos. Lo políticamente correcto es el Imperio Único. No disientas, no critiques, no señales la enfermedad, simplemente sonríe y trata de convencerte de que la vida es maravillosa, que tienes todos los derechos y ninguna obligación, que leer, reflexionar o respetarse a uno mismo es “cosa del pasado”. Guarda celosamente tu opinión. Porque si eres de derechas, eres un “facha aborrecible”. Si eres de izquierdas “un renegado convertido en burgués”… y todo ello por atreverte a decir que “si algo falla hay que buscar soluciones”. Es lógico, ¿no? Porque de seguir así, no hace falta ser un catedrático de sociología para aventurar un panorama de un mañana que ya es hoy, pero mucho peor. ¿Pesimista? En absoluto. Creo en la libertad, en la tolerancia y en los valores democráticos como referentes para la convivencia. Pero también estoy convencido de que necesitamos recuperar valores éticos, cívicos, de convivencia y de respeto mutuo. Y eso debe sembrarse en el núcleo de la familia y en la escuela. Modelar un camino en el que los derechos estén en igualdad de condiciones con las obligaciones. Un punto de equilibrio que sirva como punto de inflexión para actuar a tiempo y en consecuencia: madurar como sociedad y salir de esa indolencia apática y enfermiza que nos envuelve como un miasma anestésico. ¿Revolución? No nos engañemos: RE-EVOLUCIÓN. Es decir, evolucionar desde donde estamos hacia un modelo más maduro, justo y universal.
Ahora podéis reflexionar sobre lo que he dicho después de leer esto:
Más del 80 por ciento de los jóvenes madrileños de 15 a 24 años centra su ocio en la marcha nocturna y asegura, además, que les compensa salir toda la noche a pesar de los riesgos que esto pueda implicar, según afirma el estudio Ocio y riesgos de los jóvenes madrileños realizado por la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD), Obra Social Caja Madrid y el Instituto de Adicciones del Ayuntamiento de Madrid. La investigación analiza las formas de ocio, los riesgos que viven en esos espacios y tiempos de ocio y las actitudes de los padres ante los comportamientos de sus hijos. El director técnico de la FAD, Eusebio Megías, ha explicado las conclusiones, entre las que destaca que el 70 por ciento de los jóvenes de la región aseguró haberse emborrachado en el último año. A este dato, que calificó de "significativo", le acompañan en segundo y tercer lugar en orden de frecuencia de conductas de riesgo el hecho de viajar con un conductor bebido o drogado (un 45,4 por ciento lo hizo en el último año) y mantener relaciones sexuales con una pareja no habitual sin preservativo (un total de un 25,9 por ciento). En cuanto a los perfiles, a pesar de que en general son los hombres los que parecen siempre más proclives a protagonizar comportamientos de riesgo, en realidad hay un grupo de mujeres que se sitúa en las máximas frecuencias de conductas peligrosas como pueden ser el sexo sin protección o verse implicadas en peleas. Las sustancias más consumidas por los jóvenes madrileños en el último año son el alcohol y el cannabis. El 7,4 por ciento consumieron cannabis en fin de semana frente al 8,8 por ciento que afirmó consumir esta sustancia a diario. "El cannabis se consume ya más a diario que en fin de semana, se ha normalizado hasta tal punto que ya no se asocia a los momentos de ocio y diversión nocturno", advirte. Frente a los principales riesgos que conlleva la noche, Megías asegura que los jóvenes se muestran "ambiguos". "Por un lado los riesgos se aceptan como una necesidad vital, algo inevitable que puede tener funciones positivas y por otro reconocen los peligros y dan cierta importancia a la prudencia", señala Megías. Las actividades que realizan con mayor frecuencia son escuchar música (65,6 por ciento) y estar con los amigos (62,6 por ciento). "Los datos muestran cómo visitar museos o colaborar con ONGs ocupan los últimos puestos, con lo que podemos concluir que dedican poco tiempo a lo que comúnmente se considera ocio de calidad", indica. La actitud de los padres ante estas conductas de riesgo de sus hijos, Megías la calificó de "perplejidad impotente", señalando que, mientras por un lado se sienten alarmados y algo ansiosos ante las amenazas que rodean a sus hijos, por otro se sienten "confortados y relajados" por la creencia de que sus hijos "son diferentes" y "están bien educados".
Fuente: 20 Minutos





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