A AMPARO: MI ESPOSA.
Mi querida esposa, o mi “linda”, o “mi Todo”, como me habrás oído decir tantas veces: Podría llenar páginas enteras agradeciendo a Dios la dicha de haberte conocido, y que Él me haya dado la Luz para reconocer tu inconmensurable humanidad, tan grande en lo espiritual como chiquitita eres de cuerpo. Has sido el timón que ha dado un sentido a mi vida, sin exigencias, sin imposiciones, como hacen los verdaderos maestros que saben hacer del silencio un magisterio inimitable. Amparo, mi alma, con todo mi bagaje y experiencia he de reconocer que no sabría que hacer sin ti. Si el mundo se compone de luces y sombras, de estaciones, de días y de noches, tú eres la fuerza que une la realidad de la que se compone mi existencia. Eres inteligencia, razón, sensualidad y fuerza. Si pudiese volver al pasado te regalaría cada beso con el agradecimiento profundo de mi amor eterno. Tú das amor sin artificios, con la plácida sencillez de lo Divino que se manifiesta en la vida como haces tú de forma natur...